Virtudes y Valores : para nuestra vida

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Fracaso

Enlace permanente 4 de Febrero, 2008, 14:34

Fracaso no significa que somos unos fracasados.
Significa que todavía no hemos tenido éxito.

Fracaso no significa que no hemos logrado nada.
Significa que hemos aprendido algo.

Fracaso no significa que hemos actuado como necios.
Significa que hemos tenido mucha fe.

Fracaso no significa que hemos sufrido el descrédito.
Significa que estuvimos dispuestos a probar.

Fracaso no significa falta de capacidad.
Significa que debemos hacer las cosas de distinta manera.

Fracaso no significa que somos inferiores.
Significa que no somos perfectos.

Fracaso no significa que hemos perdido nuestra vida.
Significa que tenemos buenas razones para empezar de nuevo.

Fracaso no significa que debemos echarnos atrás.
Significa que tenemos que luchar con mayor ahínco.

Fracaso no significa que jamás lograremos nuestras metas.
Significa que tardaremos un poco más en alcanzarlas.

Fracaso no significa que Dios nos ha abandonado
¡Significa que DIOS tiene una idea mejor!

Autor Desconocido

Un Abrazo y que Dios te bendiga.
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y quienes son los pobres?

Enlace permanente 29 de Enero, 2008, 14:38

de Catholic Net


“Sería mejor darlo a los pobres”, “hay que trabajar por los pobres” “pensemos primero en los pobres”, “hay que hacerse pobre…”. Todas son frases muy usadas, escuchadas a menudo pero desprovistas de un verdadero rostro. Todas usan ese término: “pobres”, en abstracto. Pero… ¿quiénes son los pobres?


¿Es la pobreza un estado o una virtud? ¿Es alcanzable o se debería huir de ella? Y suponiendo que quisiese conseguirla ¿la esposa estará de acuerdo en vivir con menos cosas? ¿Hay diversos modos de vivir la pobreza? ¿O es la misma pobreza la de san Francisco de Asís, la Madre Teresa, los ciudadanos del tercer mundo, los desempleados, los virtuosos, o los mendigos de los puentes?

Con un planteamiento así la pobreza se nos presenta con un rostro completamente diverso al trazado por nuestra traicionera imaginación. Curiosamente al escuchar “pobreza” vienen a la mente telas roídas, caras pálidas y desnutridas, llagas abiertas, costillas esqueléticas... La pobreza en cambio, también puede ser virtud, de lo contrario estaría reservada a unos cuantos.

Es virtud cuando se convierte en una disposición constante del alma que orienta rectamente los deseos y el apego a las riquezas y cosas de este mundo (Catecismo de la Iglesia Católica 2545). Forja un gran hábito el que se ejercita en el desprendimiento y la renuncia de lo que no es fundamental. Siguiendo este sendero la pobreza le fue posible al arquitecto más grande del siglo XX, al artífice de la futura catedral de Barcelona, “La Sagrada Familia”.

Su nombre: Antonio Gaudí, su siglo: ¡El nuestro! Era el artista más renombrado de la ciudad, su originalidad y talento le situaron en la cúspide de la fama. Le llovían trabajos con remuneraciones magníficas, estaba a cargo de obras de envergadura, materialmente no le faltaría nada, podría resolver su vida y la de las cuatro generaciones subsiguientes. ¡Todo resuelto, a disfrutar se ha dicho!

El arquitecto de Dios, el viejo de la barba blanca y los ojos de un color azul encendido, eligió otro camino. Una senda estrecha pero libre, exigente pero feliz, congruente y generosa. Optó por una pobreza digna y elocuente. Vivió sus últimos años en un pequeño cuarto debajo de la catedral, tal como lo atestiguan las hermanas religiosas que lo conocieron. “Cuando fuimos no encontramos nada, ni un bote, ni una cuchara, ni un trozo de papel, nada. Apenas tenía nada ni para encender el fuego”.

Gaudí es ejemplo de una pobreza callada y desprendida de todo lo superfluo. Pobre es aquél que teniendo bienes, sólo los usa en la medida en que estrictamente los necesita. Al pobre por virtud le basta lo indispensable y cuando incluso eso le falta le sobra amor para suplir aquel hueco material.

Hay muchos casos así, hombres de nuestro tiempo, emprendedores, luchadores, empresarios o profesionistas de éxito que arrancan de su corazón y su vida lo inútil, lo superfluo, lo cómodo. Saben dar a los demás con generosidad y a la vez administrar con responsabilidad y competencia. Buscan fortalecer sus empresas para así dar más trabajo a la gente. No dan el pescado: enseñan a pescar, alimentan el capital, no lo destruyen. El objetivo es socorrer convenientemente a los necesitados y acortar (no solo por unas semanas) las distancias entre unos y otros.

Constituirse pobre con el pobre significa promover su bienestar, el de su persona como el de su familia y entorno, establecer bases equitativas en las relaciones entre patronos y obreros, vivificar y robustecer en los unos y en los otros la conciencia de los propios deberes y la observancia de los preceptos evangélicos. El hombre, sea pobre o rico, que se hace sordo al clamor de sus hermanos limita la visión de sí mismo y de los demás. Es un ciego engañado en la sombra efímera que le presentan los bienes del dinero, el poder y los placeres.

La pobreza en esa perspectiva es activa. No se duerme bajo las llagas de la miseria ni se acomoda en un egoísta “tengo lo necesario apenas para mí, los demás que se las arreglen”.

Por ello para cultivar con integridad esta virtud y evitar todo individualismo, la pobreza viaja acompañada de la caridad, de la generosidad. Hay pobres en lo material que son también ejemplares en la aceptación de su estado. Agradecen todos los dones, aprecian las ayudas, se esfuerzan por superarse y, lo que es más importante, acompañan sus carencias materiales con una ancha pobreza de espíritu. Por eso no caben en sus pechos los celos, la envidia, el odio hacia el rico, el burgués, el jefe, el sistema, el gobierno y un largo etcétera de posibles culpables. El pobre que desea con rabia lo es sólo en los bolsillos, el pobre que desea vaciarse para enriquecer su corazón lo es en plenitud ¡Ese es pobre virtuosamente!

Entonces, las cosas materiales, ¿estorban? ¿Son el cáncer de este mundo, la enfermedad del espíritu? San Ignacio de Loyola, con sus ejercicios espirituales, nos contestaría: “Tanto en cuanto, hermano mío, tanto en cuanto”. Lo material es bueno o malo en tanto en cuanto me lleve a mi Creador o me aleje de Él. En acercarme a mi Creador se encierra mi ideal, mi prójimo, mi felicidad. “Soy más feliz mientras más doy. Dar lo que tengo, lo que soy, lo que puede servirte, lo que puede llevarnos, a los dos, a nuestra máxima plenitud”.

El hombre vale más que sus bolsillos, sea que estos estén llenos o agujereados, porque el peso del hombre está en su corazón.

Señor, Tú que te hiciste pobre para enriquecernos a todos, ¡enséñame a seguir Tu ejemplo y vivir tu bienaventuranza!

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mt 5,3).
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El infierno está cerrado por dentro

Enlace permanente 26 de Enero, 2008, 20:39

El infierno esta cerrado por dentro
Louis de Wohl
Traducción: Carmen Shàd de Caneda
ConoZe.com
La luz apacible: novela sobre Santo Tomás de Aquino y su tiempo (14ª ed.)
Louis de Wohl

La voluntad está bloqueada
Durante mucho tiempo me ha resultado difícil creer en la
existencia del infierno. Dios es la bondad misma. Dios es el Amor.
¿Cómo podía compaginarse con esto la existencia del infierno, la
existencia de un lugar de castigo eterno? Incluso la justicia humana,
a la que no puede atribuirse precisamente clemencia, libera a un
condenado a cadena perpetua a los quince o veinte años por su buena
conducta. Por lo menos así se viene haciendo en muchos países. ¿Y
hemos de creer que Dios nos guarda rencor eterno, que no nos perdona
jamás, a pesar de habernos ordenado por boca de Cristo perdonar
setenta veces siete? ¿No existe ya una injusticia de base en el hecho
de que un delito limitado en el tiempo reciba un castigo eterno?

Me dirigí a un teólogo anciano y sabio. «No puedo ayudarle»,
me dijo. «El propio Cristo habla del infierno constantemente –entre
otras varias veces en el Sermón de la Montaña–. Existe, pues, la
posibilidad de la condenación absoluta. Pero no tenemos derecho a
suponer de nadie que se halla en el infierno, ni siquiera de Judas.
Sería incluso posible que el infierno estuviese vacío».

Pero, por lo menos en teoría, es muy posible que un hombre no
se arrepienta jamás ni por un momento de una vida llena de maldades,
que hasta el final cause a sus semejantes todo el daño de que es capaz
y encima se burle de ellos, que hasta el final blasfeme y maldiga a
Dios. ¿Acaso un hombre así debe llegar a la «contemplación» de Dios?
Dios es el Amor. El amor no puede forzarse ni ser forzado. El rechazo
del Amor debe respetar el amor, y quien no quiere llegar hasta Dios,
no llegará hasta Dios. Se queda «fuera», encerrado en su propio odio,
su propio dios diminuto, rígido, petrificado; es juzgado por ser como
él mismo quiere ser. Su voluntad está petrificada, él mismo la ha
dejado petrificarse. Ya no puede arrepentirse, ya no puede volverse
«atrás» y tampoco puede ya «salirse». Se ha quedado dentro de su
propia barricada. El infierno está cerrado por dentro.

No tiene sentido la objeción de que los delitos «temporales»
no pueden ser castigados eternamente. Quien no quiere a Dios tendrá
que arreglárselas sin El. Eso es el infierno, y sus ramificaciones
alcanzan a nuestra vida terrena, lo mismo que las del cielo. Pueden
percibirse. La elección es asunto nuestro.
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La medicina del alma

Enlace permanente 26 de Enero, 2008, 14:03


«La vida es sueño», aseveraba Don Calderón de la Barca, y no sin razón. Con frecuencia identificamos los sueños con el candor ingenuo de la juventud, pero la verdad es que para un hombre dejar de soñar es dejar de existir. Todos necesitamos de sueños que alimenten el alma y den sentido a nuestra vida. El ingeniero sueña con un lucrativo sistema computacional, el abogado en montarse sobre un BMW, el prisionero en caminar libre por las calles, el policía azotando el crimen al estilo James Bond, y el ciego en contemplar a las personas que ama. Y así todos vamos proyectando una barahúnda de deseos que pincelamos en cuadros de mil colores y formas. Pero en el fondo, todos soñamos en lo mismo: soñamos en ser felices.

Pero, ¿por qué nos huye la felicidad cuando alcanzamos esos sueños?, ¿a qué se debe esa tacañería y falta de educación?, ¿de dónde ese absurdo?

Quizá acaece, porque hemos despreciado el supuesto de toda felicidad: la humildad. Suena extraño, pero la experiencia nos habrá enseñado que el mundo está cuajado de paradojas, y esta, sin duda, es una de ellas.

Mientras que otras virtudes ensanchan nuestros pechos y nos evocan bellos paisajes, la humildad, por el contrario, tiene un sabor amargo y más bien, nos recuerda el fracaso y la miseria. Por eso no es raro que concibamos la humildad como un artificio medieval, un analgésico del mediocre o el apellido del zonzo del salón. A tal grado nos convencemos de ello, que llegamos a entender que manso y menso son sinónimos, o por lo menos parientes de significado. Pero la realidad es bien distinta.

La humildad, de suyo, tiene una carga fuertemente positiva. La humildad es la condición necesaria del amor, dimensionado en aquella fórmula radical y revolucionaria: “Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo”. Porque el amor es la fusión con el amado a través de una negación (humildad), que nos autoafirma y enriquece. Negación que no es por otra parte, una pura negación ciega; al contrario, es una negación de una falsa concepción de lo que decimos amar. Y en este sentido, la humildad entra en la esfera de la verdad. Por ello, qué bien dijo la Santa de Ávila al engalanar la humildad con la verdad: «la humildad es la verdad». He aquí su razón de ser.

Decimos que un buen televisor es aquel que nos hace protagonistas de la serie, que una buena licuadora es la que cumple con los milagros que garantiza el empaque, y que un buen perro es el que ahuyenta las visitas indeseadas. Pero en el caso del hombre su realización trasciende el tiempo y el espacio, ya que es un ser capaz de conocer, querer y sobre todo de amar. Por ello, escribía San Agustín lo siguiente: «Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Y precisamente en esto consiste la primera parte de la humildad, en reconocer a Dios como lo que es para poder amarlo de verdad. Así, la humildad consiste en tener el coraje de romper el cascarón de nuestro egoísmo, en acabar con nuestros esquemas de autosuficiencia, abrir nuestro corazón y dejarnos sorprender por el cariño de un Dios que supo sacar del polvo, hijos a su imagen y semejanza. No por nada el diablo, cuyo significado etimológico es “el que divide”, tiene como principal empeño separarnos de Dios, a través de la seductora locución “y seréis como dioses”, que hoy se disfraza con el nombre de “libertad”, “tolerancia”, “igualdad”, “salud”… Sin embargo, la historia que es elocuente, nos ha enseñado que tener la bendición de Dios es garantía de éxito. El Arca de Noé fue construida por aficionados; el Titanic por profesionales.

Pero la humildad se cristaliza también en el día a día. Curiosamente los términos humildad y humanidad hunden raíces en el mismo origen: “humus” que significa polvo, tierra, humo. Así que la humildad de cara al prójimo será amarle por lo que es y tal como es. También es alegrarse con las victorias del prójimo y perdonar sus errores naturales, ya que posiblemente el motivo de tantos matrimonios destruidos, familias divididas, conflictos sociales se deben a que nos ha faltado humildad. Pero si miramos un poco el Evangelio, descubriremos que Jesucristo no amó únicamente a “súper-hombres” inmaculados, sino que amó a publicanos, pecadores y hasta sus propios enemigos. Además no perdió nunca la confianza en sus “grandes” apóstoles, de los cuales uno le vendió y los demás pusieron “a todo vapor” sus piernas cuando la sombra de la cruz se presentó.

Pero, sin duda, la parte más difícil de la humildad, es el justo reconocimiento de nosotros mismos, y en consecuencia el justo amor a nosotros mismos. Y es un reconocernos como somos, sin un más y sin un menos. El hombre humilde es el que acepta sus defectos, ese que sabe decir “no sé”, uno que aprende a fracasar sin desfallecer, aquel que transforma en amor el sufrimiento que lo limita. Pero, sobre todo, el hombre humilde es aquel que reconoce los propios talentos como dones de Dios que van aparejados a una misión Porque sencillez sin humildad es timidez, inteligencia sin humildad es corrupción, caridad sin humildad es hipocresía, docilidad sin humildad es adulación, pobreza sin humildad es resignación, dolor sin humildad es un ridículo. Sin embargo, la fe con humildad es certeza, la oración con humildad es gratitud, la vida con humildad es un milagro, y el hombre humilde es un homenaje a su Creador.

En definitiva, la humildad es una actitud que nace del y para el amor. Y si nos parece amarga es porque es una buena medicina del alma, en cuanto que nos purifica; nos hace más del amado y menos de nosotros mismos. Así que cuando soñemos en ser felices, recordemos a Aquél que nos dijo: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.



¡Vence el mal con el bien!
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Darks: el reino de la noche

Enlace permanente 22 de Enero, 2008, 23:42

La palabra dark significa oscuro. El movimento dark surge en Inglaterra a finales de los setentas y se extiende a Europa y Estados Unidos. Los darks se caracterizan porque visten de negro, o con ropa de épocas pasadas. Usan crucifijos, anillos y adornos referentes a murciélagos, calaveras y arañas. Su imagen es andrógina -es decir, tienen caracteres de ambos sexos en un mismo individuo-. Se maquillan la cara para parecer más pálidos y se pintan sus labios y uñas de negro. Tienen una forma de ver la vida muy deprimente y desilusionada. Muchos prefieren vivir de noche.

El "dark" es una cultura que permite a la persona ver su lado oscuro a la máxima potencia. Sus adeptos sienten atracción especial hacia la muerte, la música, los sentimientos, lo horrendo, el vampirismo y la noche. Muchos de los que se aproximan a este grupo son personas con problemas para adaptarse a las reglas de la sociedad.

En Estados Unidos no se llaman “darks” porque suena despectivo; se llaman góticos.



Rosas negras

A veces se ve por la calle a un gótico vendiendo o regalando una rosa negra. La persona que la acepta luego es acosada. La rosa negra es típica de la subcultura gótica. Es decir es propia de su estética. Simboliza un romance trágico o la decoración de la gente que ama lo oscuro y tenebroso. Usada entre los dientes de una calavera significa su marca.


El gótico como forma de pensar y vivir

El distintivo de subcultura gótica que ahora conocemos empezó a florecer a principios de los años 80. El gótico en cada persona es una forma de pensar, un sentimiento o una expresión. Debido a que cada persona es diferente, el concepto de gótico en cada uno es diverso. Algo que marca radicalmente la escena es la música y el cine; prefieren las películas de cultos, sectas, terror o suspenso. El vampiro es un icono muy importante en la subcultura gótica, ya que muchas personas adaptan o toman la figura de este personaje, ya sea en su estética, o en su estilo de vida. El vampiro es visto como una figura hermosa, enigmática, capaz de tener poder y control sobre las demás personas. Algunos gustan de beber sangre y de realizar juegos eróticos, llegan a dormir en ataúd, y no salen a la luz del día.

Dentro de los darks hay grados. Los más radicales no salen de día. En los 90, el término “gótico” y las fronteras de la subcultura gótica se volvieron más borrosas. Hay una jerga gótica que algunos góticos utilizan para etiquetar a diferentes grupos o a sus miembros. Entre los que se incluyen “Dark”, “Darkie”, Darketo, Gótico.

La subcultura no tiene un pronunciado mensaje político y no llama explícitamente al activismo social. El grupo está marcado por un énfasis en el individualismo, la tolerancia, la diversidad y la disidencia. Poco a poco les van deformando el gusto estético para que acepten y les agrade lo feo y monstruoso, lo tenebroso y lo infernal. Es decir, los preparan para que opten por Satanás en la disyuntiva final.

A los darks los inducen a la crisis de personalidad a través de la distorsión de la verdad, que les lleva a verse a sí mismos diferentes de lo que son.

Hay personas que han destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se busca.
Los darks tiene en común con la música rock ciertos temas: el sexo, la droga, la rebelión, la falsa religión y la influencia diabólica.

Una oración de los gothics dice:

O Death, come near me,
Save me from this empty, cold world!
O Life, you have killed me,
So spare me from this caldron of misery!


Dice un dark: “No es lo mismo ser dark que gótico pero sí compartimos puntos de vista similares, los darks vemos belleza donde otros ven fealdad”.

—¿Qué se necesita para ser gotico o dark?

—Con todo el respeto que merecen como seres humanos, a mí me parece que se necesita ser un infradotado, mantenido por los padres ...!!!

Da la impresión de que los darks son excesivamente individualistas, no buscan el bien común sino que viven sólo para ellos mismos. Sólo tal unidad en lo básico y fundamental hace posible una pluralidad viviente.

Un documento antiguo explica: Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios. En cambio, el triste siempre obra el mal (PASTOR DE HERMAS, Mand. 10, 1).

En la lucha contra Satanás ha vencido Jesús, pero aún falta que venza en la lucha de cada uno de nosotros, y eso sólo lo hará con la colaboración nuestra. Muchos pueden ver este grupo como una fuerza inofensiva de diversión, pero los árboles se conocen por sus frutos, y los frutos de este movimiento no son buenos.
Autor: Martha Morales
de Catholic Net
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VENENO ANTICONCEPTIVO

Enlace permanente 19 de Enero, 2008, 15:33

Estimado Amigo:

Saturar nuestros cuerpos con poderosas hormonas esteroides nunca ha sido una buena idea. Esparcir esas hormonas en la naturaleza puede ser más peligroso aún. Lea y entérese de otra de las desventajas de los abortivos usados en el control poblacional.

Steven W. Mosher

La historia del año sobre el asunto medioambiental se ha dado a conocer. Sin embargo, la verdad puede ser muy amarga (para decirlo con la misma frase que usa Al Gore: “the inconvenient truth”). Y parece ser algo mucho más grande de lo que la mayoría de los medioambientalistas pueden manejar.

En el 2005 los biólogos John Woodling y David Norris realizaron un estudio de los peces de río en la ciudad de Boulder Creek, Colorado. Lo que encontraron fue tremendamente preocupante. Tal como se reportó en la páginas del diario Denver Post, de las 123 muestras de peces capturados, principalmente truchas, la proporción normal de machos respecto a hembras ha sido seriamente alterada. Antes era de 1:1 pero ahora se encontró que de los 123 peces 101 eran hembras, 12 eran machos y 10 eran una extraña y anormal especie híbrida de macho y hembra, tan extraña que los investigadores no pudieron decidir qué sexo asignarles.

¿La causa? Woodling y Norris atribuyen la anormal feminización de los peces al estrógeno –la hormona femenina—que encontraron en muestras de agua de Boulder Creek. La concentración de hormonas no era tan alta. Ciertamente apenas era medible, pero aún así estos investigadores le atribuyeron el impacto catastrófico sobre la población de peces en el lugar.

¿De dónde viene este estrógeno? Después de algunos estudios complementarios, Woodling y Norris concluyeron que esta hormona viene de los desechos humanos, principalmente píldoras anticonceptivas, Norplant, Depo-Provera y parches anticonceptivos que contienen estrógeno. Estas drogas y dispositivos trabajan segregando masivas dosis de la hormona femenina –más de cuatrocientas veces los niveles naturales—en el torrente sanguíneo de la mujer suprimiendo su ciclo reproductivo natural.

A ello habría que añadir que estas hormonas no son degradables. Son excretadas fácilmente en la orina de las mujeres, la cual luego va a parar primero en la alcantarilla y después a la planta de tratamiento de agua. Tales plantas no están equipadas para tratar con hormonas, así que el agua “purificada” liberada en los ríos circundantes y riachuelos va mezclada con estrógeno.

“Esta es la primera vez que, como científico, algo me asusta verdaderamente”, dijo Woodling al Denver Post en el 2005. “Una cosa es matar un río, y otra distinta es matar parte de la naturaleza. Si usted, estimado lector, está implicado con la destrucción el equilibrio hormonal de su comunidad acuática, usted está llevando las cosas aún más allá. Está jugando con las propias leyes de la naturaleza”.


Uno podría imaginarse que los ecologistas, atentos a combatir cualquier amenaza a la naturaleza, estarían prestos a levantarse en armas. Pero todavía ninguno ha exigido prohibir estas hormonas tan contaminantes, o por lo menos demandado instalar resguardos para proteger el abastecimiento de agua. En lugar de eso, aparentemente el movimiento ecologista ha sufrido una generalizada y súbita parálisis laríngea.

Los pocos que han levantado la voz han responsabilizado a las “imitaciones de estrógeno”, así como lo escucha. Los químicos en algunos jabones y detergentes pueden engañar al cuerpo y producirle una reacción como si estos químicos fueran estrógenos. A la vez que Woodling y Norris van dándose cuenta de que estas imitaciones de estrógeno pueden ser parcialmente responsables de la mutación de los peces encontrados, también se mantienen firmes en que la causa principal de dicha anormalidad es el prolífico uso de métodos anticonceptivos hormonales en el área de Denver y Boulder. Otros estudios, realizados en lugares tan lejanos con Suiza, han confirmado que el problema se ha expandido y puede ser que crezca y empeore.

En el PRI no estamos sorprendidos por el silencio del grupo ecologista. La mayoría de ecologistas radicales son pro-aborto y propugnan el control poblacional. Por lo tanto, lo último que ellos podrían criticar son las drogas anticonceptivas que les ayudan a lograr sus dos cometidos.

El inconveniente de estas drogas nunca fue más evidente. Lo que nos ha dado como resultado este Laissez-faire (expresión francesa que significa “Dejad hacer”), en lo relacionado al uso de anticonceptivos es el incremento de la promiscuidad, altos índices de abortos y dramáticos riesgos en la salud. Ahora se hace más claro que los anticonceptivos no sólo dañan a quien los consume sino que además va envenenando lentamente el medioambiente alrededor nuestro.

Colin Mason es el Director para Producción de Publicaciones del PRI




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